La Ambulancia del Deseo, una iniciativa que nació hace 19 años en Países Bajos y que Rosario incorporó como la primera experiencia de este tipo en Argentina, consiste en trasladar de manera segura a pacientes que atraviesan una etapa avanzada de una enfermedad para que puedan volver a hacer algo tan cotidiano como visitar un parque, ir a un museo, asistir al cumpleaños de un familiar o ver jugar al fútbol a un nieto.
“No nos gusta hablar de últimos deseos, sino uno más en esta difícil etapa que está transitando el paciente con respecto a su patología”, explicó Juan Manuel Gálvez, enfermero y director de la Fundación Ambulancia del Deseo Argentina, en diálogo con El Puente, por Radio Mitre Rosario.
“Somos un equipo sanitario que conformado por trabajadores de la salud, enfermeros, técnicos, médicos y psicólogos, que nos cercamos de manera segura, gratuita, solidaria y voluntaria al equipo”, contó Gálvez. Y agregó: “Acercar a un parque, a un museo, a un cumpleaños de un familiar, a ver un nieto jugar al fútbol un sábado, esos deseos posibles, sencillos, pero enormes para alguien que la está pasando mal, nosotros lo hacemos tratando de acercarlo de manera segura y poder brindarle un buen momento”.

La idea llegó a Rosario después de una experiencia personal y profesional de Gálvez en el exterior. “Yo lo vi en otro lado. Viajé para una capacitación en en Ambulancia del Deseo España. Ahí me llamó la atención esta idea, tal vez atravesado también por alguna situación personal que me generó sensibilidad con ese tema”, relató. Después viajó a Países Bajos para conocer la organización original y allí recibió el respaldo para replicar el modelo.
El proyecto comenzó a crecer cuando Gálvez llevó la propuesta a sus compañeros y encontró rápidamente voluntarios. “En el momento que yo traje esta idea acá, por suerte tengo amigos y trabajadores de la salud de mi equipo que pensamos parecido y muchos se coparon con la idea, por decirlo así, y me dijeron, ‘Contá conmigo’”. También consiguieron una ambulancia en comodato que estaba fuera de servicio: “Una puerta abre la otra. De manera solidaria también se armó el motor. Pudimos pintar la Van de amarillo, al igual que en el resto de los países del mundo».
La difusión de la propuesta generó pedidos desde distintos puntos del país y consultas de provincias que buscan replicar la experiencia. “Nos sorprendió, pensamos que se iba a hacer en una segunda etapa. A la gente le gustó mucho y se prendió con la idea”, sostuvo Gálvez.
Cada pedido requiere una evaluación previa del estado de la persona y de las condiciones de seguridad. “El requisito principal es que el paciente esté en esa etapa final de la vida y otras cuestiones que tienen que ver con su seguridad”, explicó Gálvez. Para la fundación, además, es fundamental recuperar a la persona detrás de la enfermedad: “Sacamos el rótulo del paciente y de personal de salud. Somos una un grupo de personas que lo acercamos a pasarla bien y ese ser sintiente que la está pasando mal por su patología puede llegar a un deseo simple, pero feliz y en familia”. Y concluyó: “Siempre hay una línea finita que puede salir bien o mal porque ahí hay un contexto complejo, pero lo hacemos con mucha seriedad y mucha responsabilidad”.